Nicaragua, la niña de mamá y papá

Mientras Nicaragua está con “el agua hasta el cuello” su madre, aparece para hablar con su hija y lograr reconfortarla con palabras de esperanzas, unidad y reconciliación. A diario, aprovecha la hora del almuerzo, para hablar con su hija. Ella es “una buena madre” y sabe dedicarle tiempo a la niña de sus ojos.

Le escucha sus lamentos, la advierte de peligrosos pretendientes y le indica sobre lo importante. El papá como es “natural en todo macho” no participa de las cuestiones domésticas, pero claro la madre siempre tiene el tacto para decirle a su Nicaragua que papá le manda saludos y está pendiente de toda la situación. Nicaragua se queda más tranquila.

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A veces se preocupa porque la relación de mamá y papá no esta muy bien. Los ha visto discutir y hasta duermen en camas separadas. Van a los eventos juntos, pero Nicaragua sabe que la relación está en crisis. Hasta las amistades han agarrado bandos. Y peor, algunos han sido expulsados del circulo de amistades cercanas.

La chica sabe que a la larga esto le traerá algunos problemas. Pero ella tiene otras cosas más urgente (estudiar, buscar trabajo,  sobrevivir, comer, etc.) que resolver y entonces deja las importantes para después. Además esta esperanzada en el pretendiente que mamá y papá le consiguieron. No, no lo consiguieron en Noruega, sino que se trata de un asiático.

Se llama Wang Jing, no tiene buena reputación, pero se espera que cumpla el sueño de Nicaragua. Al menos con eso se comprometió hace varios años frente a sus padres. Y ella, esta ilusionada con ese sueño que durante años ha atesorado. Aunque, ni anillo de compromiso le ha dado.

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Una vez que consoliden el contrato, Nicaragua no tendrá de qué preocuparse, y mamá y papá estarán tan felices que dejará de importarles esa gente del extranjero que habla mal de ellos, los ponen en mal frente al mundo, y hasta los acusan de hacer trampa y cambiar las reglas del juego frente a sus supuestos adversarios.

A Nicaragua esos señalamientos no le gustan. Ella ha visto cosas, pero se queda callada, porque mamá y papá son generosos, pero cuando se molestan, si que se molestan. Así que es mejor quedarse en silencio y esperar que mamá y papá resuelvan esos problemas a su manera. Y menos pensar agarrar un bando, al final, son mamá y papá, y no son perfectos. El problema va a ser en unos años cuando mamá y papá comiencen a pelear la custodia de su hija, Nicaragua.

Maryórit Guevara G.

Bloguera y Comunicadora Social.

 

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